Te odio por abrazarme con tu fuerte
hechizo inocentemente malvado.
Son tus colores con los que me enfado
pero es tu alma por lo que quiero verte.
Te odio por atraparme -¿mala suerte?-
con tus brazos... pero estoy encantado,
Te culpo pero más culpo a mi estado
y te odio pero más odio quererte.
Es amor como fuego eso está claro,
un claro que me incendia a carne viva.
¿Gallina como motor? Todo es raro.
¿Cómo de hipócrita es que hoy yo te escriba:
el locomotor de ayer es un faro
que alma que ciega es alma fugitiva?
Ví. Ab. Al.