Aunque al principio no guste el sabor
puesto que con el nuevo ambiente toses
(cuando todo es extraño) no te esposes,
intenta desarrollar tu explendor.
Porque cuando arrancamos el motor
y todo nos sabe a zumo de dioses
somos quien somos, no existen poses
no existen miedos no existe el dolor.
Pero llega la cascada y pellizca.
El sueño termina en un shock eterno.
No sabes qué hacer en un terremoto.
El sufrimiento te deja una pizca
de algo que posees en el infierno:
un vaso vacío en un barco roto.
(hiacia)
Ví. Ab. Al.
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