Esperar en silencio siempre es duro
cuando tu huracanada alma chirría,
por querer navegar y estar vacía,
en este riachuelo corto y oscuro.
Frustra empezar a divisar el muro
del final de la fugaz travesía
sin haberme ido contigo, Sofía,
hasta aquel rincón donde no hay futuro.
Este río ya no fluye tan lento
y mi silencio a esta alma mía enfada,
ella se crece mientras yo me quedo.
¿Cómo voy a aprovechar el momento?
Si los momentos sin ti no son nada.
-¡Carpe diem! -me dicen, y no puedo.
Ví. Ab. Al.
(ríos franceses sabiondos)
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